domingo, 12 de agosto de 2012

Palencia: Villanueva de Henares-Canduela


Como ya he comentado en otra entrada, cerca de Quintanas de Hormiguera se encuentra Villanueva de Henares. Un pueblo que en su día tuvo su importancia. Muestra de ello es el palacete y las grandes casas blasonadas con las que cuenta.

Es desde este lugar desde donde sale un sendero que une este pueblo con otro que también debió tener relevancia en su día: Canduela.

Como el camino de ida y vuelta nos parecía demasiado para los niños, decidimos hacer sólo la ida y que mi padre fuera a Canduela a recogernos con el coche.

El sendero discurre entre robles y brezo.

Inicialmente es de bajada y el resto, a excepción de alguna pequeña subida, es llaneando hasta llegar a la fuente Vicario.

Fuente Vicario
En la zona hay bastante ganado y utilizan la charca para calmar su sed. Se puede ver que está todo lleno de sus huellas. Mi sobrino tuvo la suerte de encontrarse allí el cuerno de una vaca. Según van creciendo estos animales, van mudando el exterior del cuerno para que pueda crecer. Algo así como lo que hacen las serpientes con su piel. ¡¡Menudo trofeo!!.

Seguimos caminando por el sendero hasta llegar a una bifurcación señalizada del camino: se puede ir a Canduela directamente o pasar antes por una necrópolis altomedieval cercana.

El objetivo fundamental de nuestro paseo era visitar la necrópolis, así que hasta allí nos dirigimos.

Hay que atravesar una pradera que tiene una cierta subida para volver a encontrar otra indicación que conduce hacia la necrópolis.


La entrada a la necrópolis fue un tanto accidentada ya que el camino llegádo un punto se había cerrado (hace tiempo que no se limpia y los robles han ido creciendo), así que tuvimos que meternos a lo Indiana Jones entre la maraña de ramas. Una auténtica aventura para los niños que lo pasaron en grande (menos mi sobrina la pequeña que es un poco miedosilla).

Finalmente llegamos a la necrópolis. Allí se encuentran los restos de un antiguo monastario y un montón de tumbas que aún están bastante bien conservadas excavadas en la propia roca.


Como el lugar se encuentra en un alto, las vistas son preciosas.


Allí mismo hicimos una parada para tomar la merienda y proseguir más tarde hacia Canduela. La merienda nos vino de perlas porque el camino que quedaba era ya de subida durante bastante tiempo. No es que sea una subida muy pronunciada pero se nota.

La llegada a Canduela la anunciaron unos cuantos campos de cultivo con su trigo terminando de madurar al sol.

Como ya he comentado, Canduela tuvo que ser un lugar importante en su tiempo porque cuenta con buenas casas de piedra de sillería con sus escudos y también con un bonito palacete.


Es un bonito pueblo que bien merece un paseo hasta llegar a él.

viernes, 10 de agosto de 2012

Cantabria: Menhires de Valdeolea

El valle cántabro de Valdeolea se encuentra en el sur de Cantabria limitando con Palencia y a tiro de piedra de Quintanas de Hormiguera. Este valle ofrece la Ruta de los Menhires que tiene una longitud de 12 km y en la que se encuentran 8 monumentos megalíticos de hace unos 5.000 años.

Una de las explicaciones más aceptables de estos monumentos es que se trataba de delimitaciones territoriales de las primeras comunidades sedentarias de la prehistoria. Lo que sí está claro es que tenían gran importancia ya que hay que tener en cuenta el enorme esfuerzo que suponían: estas piedras de arenisca tuvieron que ser acarreadas una distancia mínima que oscila entre 1 y 2 km, más el trabajo de hincado de la misma.

La ruta está diseñada para hacerse caminando pero, dado que íbamos con dos niñas de 4 años, decidimos hacer en coche todo lo que puediéramos. Nuestra estancia en Quintanas de Hormiguera coincidió con una ola de calor sahariano que ponía la temperatura ambiente a 36ºC y esa temperatura no era la adecuada para salir a caminar sin saber las sombras que podríamos encontrar por el camino así que decidimos hacer la ruta en varios días y salir de casa a partir de las 18:30.

La ruta comienza en Mataporquera. Hay una carretera que sale detrás del cementerio que se encuentra pegado a la iglesia. Allí se encuentra la primera señal indicadora de la ruta. Seguimos la carretera que no mucho después se convierte en una pista que sirve para adentrarse en los campos de labranza. Seguimos la pista sin desviarnos de ella (hay un cruce a la derecha a la mitad del trayecto pero debemos seguir de frente). Llega un momento en que la pista se convierte en camino, pero se puede proseguir con el coche hasta el primer cruce señalizado en el que se nos indica la situación del primer y segundo menhir.

Allí dimos la vuelta al coche y nos bajamos para acercarnos, ya caminando, al primer menhir: Piedrahita o El Cañón.

Se encuentra en una zona de pinar y hay que subir una cuesta bastante empinada para llegar a donde se encuentra. Este menhir mide 3,68 m de los que 2,55 m son visibles y, como el resto de menhires de la ruta, está orientado hacia el sureste que es la orientación en la que se pone el sol durante el equinoccio de verano, lo que hizo pensar que tenían alguna relación con cultos solares.

Piedrahita

El menhir Piedrahita tiene grabada una cruz que volveremos a ver más adelante.

Regresamos al cruce donde se nos indica que el menhir El Peñuco se encuntra a 500 m. El camino se acaba convirtiendo en un sendero. Es un muy bonito paseo que se vió favorecido por la anaranjada luz del sol poniéndose. Tras disfrutar del trayecto divisamos el monumento colocado en lo alto de una loma. Este menhir mide 4 m y no tiene ningún grabado visible.

El Peñuco

Tras la visita a El Peñuco volvimos sobre nuestros pasos hasta llegar al coche para regresar a Mataporquera. Una vez en esta localidad, se toma la carretera dirección Olea y Reinosa hasta llegar al cruce en el que se indica La Cuadra (cruce que se toma a la izquierda). Llegados a la entrada al pueblo (un desvío señalizado a la derecha) no la tomamos viendo poco más adelante una pista a la izquierda que lleva directamente al menhir La Llaneda.

No paramos en él para conservar el orden de los mismos y proseguimos de frente por la pista (dejando La Llaneda a la izquierda) hasta que se divisa el tercer menhir de la ruta en lo alto de una loma hacia la derecha. Nos dirigimos hacia él a través de los caminos existentes entre las tierras de labranza hasta llegar prácticamente a su base donde dejamos el coche. Hicimos la pequeña ascensión hasta Cabezudo para disfrutar del más grande de los menhires de la ruta y del norte de España (4,85 m).

Perfil de Cabezudo
Cabezudo




























Este menhir tiene grabada la misma cruz que vieramos en Piedrahita.

Para poderlo disfrutar tal y como fue en su día, ha necesitado ser restaurado ya que se encontraba partido.

Bajando la loma regresamos al coche para volver al cuarto menhir: La Llaneda. Este monumento no se encuentra hincado en la tierra ni se conoce el lugar exacto en el que se encontraba ubicado ya que se encontró caído por la zona (3,78 m).

La Llaneda

Dejando el coche en este menhir nos dirigimos caminando al siguiente menhir: La Puentecilla.


La Puentecilla

Hay que tomar la pista que deja La Llaneda a la derecha y atravesar un campo de labranza (creo que es el tercero que se encuentra a mano izquierda) para luego subir una pequeña loma en la que está ubicado. Este menhir mide 2,35 m y tiene también unos grabados casi desdibujados: una cruz y otro dibujo que podría asemejarse a un tridente.

Detalle del grabado de La Puentecilla

De nuevo regresamos al coche y vamos a Casasola. Al borde de la carretera hay un restaurante donde se puede dejar el coche. Volvemos atrás a pie por la carretera hasta llegar casi a una curva a derecha. Detrás de la señal de tráfico que indica esta curva se encuentra la señalización de los siguientes menhires: La Matorra I y La Matorra II. Hay que pasar un cercado y caminar por un sendero un tanto invadido por zarzas (mis hijas se comieron unas cuantas moras que mi padre iba cogiendo para ellas).

La Matorra I
La Matorra II




Estos dos menhires son los más pequeños de la ruta (1,60 y 2,20 m respectivamente) y tienen como peculiaridad que están separados tan sólo por 10 m.

La Matorra II tiene grabada una cruz y en su cara sur tiene cuatro rebajes circulares formando un semicírculo.











En Casasola también se pueden ver los restos de un puente y calzada romana, aunque no se puede ver bien porque se pasa sobre el puente y éste está bastante tapado por la vegetación.

Volvemos a tomar el coche y dejamos atrás Casasola para proseguir dirección Olea y entrar en Reinosilla. Allí se encuentra la indicación del último de los 8 menhires: Peñahincada (3 m). Como en el resto de los casos, se puede acceder por la pista con el coche llegando hasta el mismo menhir.

Peñahincada

Después de recorrer la ruta es muy recomendable visitar dos iglesias que se encuentran muy cerca de este lugar: la de Mata de Hoz (San Juan Bautista) y la de Santa Olalla (Santa Eulalia). Dos iglesias que tienen pinturas murales góticas que no se deben dejar de ver.

Santa Eulalia

Santa Eulalia

Las iglesias se encuentran cerradas y es preciso llamar al teléfono 609 339 222 para que vaya un guía a abrirlas. Recomiendo que se llame al guía con tiempo ya que una sola persona enseña unas 5 iglesias de la zona y nunca se sabe lo cerca o lejos que se encuentra.


San Juan Bautista

Detalle de capitel exterior de San Juan Bautista

También hay que tener en cuenta que los lunes no se abren estas iglesias ya que es el día de descanso (creo recordar que el horario de visita es de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:30).

martes, 7 de agosto de 2012

Palencia: Herrera de Pisuerga


Cerca de Quintanas de Hormiguera está Herrera de Pisuerga. Uno de los días de vacaciones lo dedicamos a hacer una visita a esta localidad palentina.

Lo primero que hicimos fue ir a la estación de autobuses que es donde se encuentra la entrada del aula arqueológica. Ésta permanece cerrada a no ser que se haya concertado una cita.

En el aula arqueológica se explica la vida de las legiones romanas de una manera sencilla y divertida. Como las piezas que se encuentran en ella son reproducciones los niños pueden tocarlas y, de esa manera, tomar contacto directo con lo que se explica. La razón de la temática del aula es debido a que en la zona de la actual Herrera de Pisuerga se ubicó la legión IV macedónica.


Después de la visita fuimos a la iglesia de La Piedad.






No se debe pasar por Herrera sin entrar en esta iglesia.

Nos sorprendió mucho encontrar esta preciosa joya a la que merece dedicarle su debido tiempo.








Al lado de la iglesia se encuentra un bonito parque en el que hay un pequeño zoológico de aves que hizo las delicias de los más pequeños. Se divirtieron de lo lindo recogiendo plumas 'brillantes' de pavos reales y patos.

Llegada la hora de la comida nos fuimos a comer al restaurante que se encuentra pegado a la gasolinera.

Llegadas las 16:00 nos dirigimos hacia el lugar donde se encuentra el embarcadero del Marqués de Ensenada, un barco eléctrico que da un paseo por el Canal de Castilla llevándonos hasta una de las exclusas. Un precioso trayecto rodeado de unos árboles y una vegetación que parece estar fuera de lugar en plena Castilla. La magia del agua hace todo esto posible. Una magnífica obra de ingeniería que pretendía unir Reinosa (en Cantabria) con Segovia.

Es conveniente reservar con antelación el paseo en barco para evitar desagradables sorpresas (los lunes no hay paseos).




domingo, 10 de junio de 2012

Segovia: Hoces del río Duratón


Hace más de diez años visitamos las Hoces del río Duratón por primera vez. Hicimos la ruta que va hasta la ermita de San Frutos y me pareció un entorno precioso. En aquella ocasión vimos las canoas desde arriba.


En esta ocasión fuimos nosotros los vistos desde arriba.

Contratamos una excursión en canoa por las Hoces con la empresa Naturaltur que se encuentra en Cantalejo. Hacen las rutas tanto por la mañana como por la tarde, pero preferimos coger la de las 10:30 de la mañana para evitar posibles calores.

Como salíamos desde Madrid tuvimos que madrugar un poco porque teníamos que salir de casa a eso de las 8:30 para llegar allí no más tarde de las 10:00. El punto de encuentro era el camping de Cantalejo. Allí formaron los grupos y nos condujeron hasta el punto desde el que íbamos a salir. Nos dieron los chalecos salvavidas, los remos y los bidones estanco y con ello comenzamos a bajar por una cuesta de arena que nos llevó hasta una pequeña playa donde se encontraban las canoas. Miguel se puso con nuestra hija mayor y yo con la pequeña.


He de decir que nada más entrar en el agua pensé que lo mismo no era capaz de manejarme pero la verdad es que es muy fácil de manejar y no requiere un esfuerzo excesivo ya que se trata de un paseo y no se va a contrarreloj. Lo único es cuando da el viento de cara, pero por suerte no nos pasó en muchos tramos.

Nada más salir me sorprendió la cantidad de buitres leonados que sobrevolaban el cañón y la cantidad de nidos que se podían ver a simple vista en las paredes rocosas. Algunos cerquísima de donde pasábamos. Sabía que se veían buitres leonados pero, sinceramente, no pensé que fuera tan fácil verlos.


Durante todo el trayecto intentamos ser lo menos ruidosos que pudimos ya que el monitor nos advirtió de la importancia de molestar lo menos posible a estas aves que se encontraban en periodo de cría.

Es un lujo encontrarse en un lugar en el que los únicos sonidos que se escuchaban en muchos momentos eran los cantos de los pájaros y el chapoteo de los remos en el agua. La limpieza de las aguas, los colores ocres de las paredes que nos rodeaban, el vuelo de los magníficos buitres leonados y la novedad de la actividad (especialmente para las niñas) hizo que las algo más de tres horas que estuvimos en el río no se nos hicieran largas en absoluto.


Desde el río visitamos la ermita que construyó la hermana de San Frutos, la ermita del propio San Frutos y el monasterio de la Hoz que sirvió de residencia de veraneo a la reina Isabel la Católica.


En frente de este monasterio se encuentra la Solapa del Águila en la que los antiguos pobladores de estas tierras dejaron pinturas que desde el río son invisibles.

Lo peor de la ruta fue la finalización: nos esperaba la cuesta de arena que habíamos bajado, pero esta vez cuesta arriba... La verdad es que se hace dura después de la sesión de remo.

Regresamos al camping de Cantalejo donde comimos. Tanta actividad nos había abierto el hambre a todos.

Después de la comida y reposar un poco, nos dirigimos hacia Villaseca visitar la ermita de San Frutos y contemplar las hoces desde arriba.


Hay un parking a unos 900 metros de la ermita al que se llega por una pista que se encuentra en muy buen estado. El paseo es muy sencillo y ofrece unas vistas preciosas de las hoces aunque, al menos para mí, menos impresionantes que las que se tienen desde el río.


Al llegar a la ermita tuvimos la suerte de encontrarla abierta, así que sin pensarlo dos veces nos dispusimos a obtener el deseo que San Frutos concede a aquellos que dan cuatro vueltas a la piedra de su altar. Para las niñas fue muy divertido.


Ya de regreso a casa paramos en el puente de Villaseca. Tenía mucha curiosidad por ver la cueva de los Siete Altares. He de reconocer que me dejó bastante desinflada y me sorprendió el estado de abandono que tienen. Incluso hay pintadas de gente que allí se ha colado. Y eso que hay una reja para protegerla.


Es una verdadera pena que esta iglesia rupestre visigoda se encuentre así.


domingo, 20 de mayo de 2012

Madrid: Patones


Hacía bastantes años que no ibamos por allí. Creo que la última vez que estuvimos no estábamos aún casados... Como Miguel tenía que pasar a recoger su dorsal (al día siguiente participaba en una prueba de enduro), aprovechamos para pasar el día en Patones.

Dicen que es uno de los pueblos más bonitos de la Sierra Norte madrileña. Yo lo que puedo decir es que a mí me encanta.

Patones tiene una característica curiosa y es que tuvo rey propio. También, dada su situación poco accesible, parece que los franceses no pasaron por allí cuando invadieron la península (al menos allí se puede leer en una placa).

Cuando se llega a Patones te recibe la antigua iglesia de San José. Ahora es un punto de información turística, pero conserva una pequeña capilla en la que se encuentra la Virgen de la Oliva.

Me llamó la atención que la imágen mostraba sus pies descalzos y, más aún, que el dedo meñique de su pie derecho era bastante más pequeño de lo que debiera para un pie bien proporcionado (en cambio el pie izquierdo no presentaba ninguna 'anormalidad'). No sé si quiere significar algo y que simplemente el artista que la talló tuvo algún problema al tallar este pie. El caso es que resulta curioso.

Antes de dar un paseo por el pueblo decidimos ir a caminar por los alrededores. Más concretamente se trataba de echar un vistazo a la especial número uno de la prueba en la que Miguel participaría al día siguiente. El recorrido era prácticamente circular y de dos kilómetros, así que no había problema para las niñas.

Comenzamos por el camido que sube a la era de pizarra. Es una subida prolongada pero sencilla hasta llegar a la era que ofrece una vista preciosa de Patones.


Continuamos el camino ascendiendo suavemente hasta llegar casi al punto de mayor altitud del trayecto. Allí el camino se desdobla en dos: uno que sigue de frente y otro que va hacia la derecha. Hay que tomar el camino de la derecha ya que como he dicho, es una ruta prácticamente circular. Un poco más adelante el camino ofrece otra preciosa vista de Patones metido entre montañas.


A partir de este punto la ruta es prácticamente entera de bajada a excepción de alguna pequeña subida.




Como he dicho, el trayecto no tiene ninguna dificultad a excepción de dos bajadas especialmente pronunciadas entre piedras de pizarra.

Estas dos bajadas fueron un poco complicadas de bajar para las niñas, pero para eso tienen un padre suficientemente hábil y fuerte. Es un precioso recorrico del que se puede disfrutar del paisaje de la sierra y de toda la gama de colores que la naturaleza ofrece en esta época del año.





Hay otras sendas marcadas para hacer por la zona y de las que se puede obtener información en el punto turístico de Patones.


Tras el paseo nos fuimos a comer a La Terraza de Patones. En el pueblo hay un montón de preciosos restaurantes, de hecho son estos establecimientos los que han conseguido hacer resurgir de sus cenizas a este pueblo. Nosotros elegimos éste porque ya lo conocíamos y su relación calidad-precio nos parece buena.
El día había amanecido amenazante, de hecho nos habían caído alguna finas gotitas durante nuestro paseo, pero fue durante la comida cuando finalmente el día se decidió a llover... ¡¡y menudo aguacero!!... ni los truenos faltaron a la cita. Nosotros estábamos perfectamente resguardados y a gusto en el restaurante, así que alargamos la sobremesa hasta que finalmente la tormenta remitió.

A la larga nos vino fenomenal que se pusiera a llover porque tuvimos la ocasión de dar el mejor paseo que se puede dar por Patones: teníamos el pueblo vacío (cosa dificilísima tratándose de un sábado).
Con la pizarra mojada Patones nos ofreción una de sus caras más bonitas. La sensación de frescor y el olor a tierra mojada hicieron del tránsito por sus calles un auténtico placer. Callejear por el pueblo te va descubrindo sus preciosos rincones.



También bajamos al lavadero, punto de encuentro principal de las mujeres que en una época poblaron este lugar.

El agua volvió a comenzar a caer y esta vez, ya sin lugar de resguardo, nos hizo ir hacia el coche para regresar a casa.