martes, 20 de agosto de 2013

Alicante: Guadalest

En el interior de la provincia de Alicante se encuentra esta pintoresca localidad. Fuera del castillo se encuentra parte del pueblo. Todo blanco, con sus calles empedradas.


Parte de las murallas del castillo son la propia roca. Hay una única puerta que es un estrecho orificio en la pared de piedra. En el interior se encuentra el resto del pueblo.


Se puede subir al castillo pasando por la casa Orduña. Es una gran casa construida después del terremoto de 1644 y en la que vivió la familia que da nombre a la casa. Los miembros de esta familia actuaron casi durante trescientos años como alcaides de la fortaleza y gobernadores del marquesado de Guadalest.

Desde la planta baja de la casa se tiene acceso a las escaleras que suben al castillo de San José.


Las vistas son estupendas, pudiéndose ver el embalse de Guadalest que se encuentra a sus pies.






Un pueblo de lo más pintoresco.


sábado, 17 de agosto de 2013

Alicante: Villajoyosa

La fábrica de chocolates Valor se encuentra en Villajoyosa, y pegado a ella se encuentra el museo del chocolate.


La entrada es gratuita y se hacen visitas a las horas en punto. Se muestra un audiovisual en el que se explica la manera en la que se elabora el chocolate y se entra al museo. Se puede ver la evolución de las herramientas utilizadas en la elaboración, fotografías de la familia Valor, pesas utilizadas para pesar el cacao, una colección de moldes de bombones y huevos de Pascua...








Tras la visita al museo se pasa por la fábrica hacia la tienda. El olor a chocolate es tan intenso que parece que se pudiera masticar. En la tienda se ofrece una degustación gratuita.

Para rematar la tarde nos vamos a dar un paseo por el casco antiguo de Villajoyosa. Las estrechas calles son como un laberinto en el que los colores se combinan de forma armoniosa. Aún se conserva la costumbre de salir a la calle con una silla a tomar el fresco y charlar con los vecinos.









También se pueden ver los restos de la muralla que antiguamente rodeaba la localidad.






lunes, 1 de julio de 2013

Andorra: Ruta del Hierro

Tras la ruta tan intensa del día anterior, decidimos un día más tranquilo.

La ruta del hierro comienza precisamente en La Massana. En esta localidad se encuentra la fragua Rossell que fue una de las más importantes de Andorra y la última en cerrar sus puertas (1876). La fragua es también el centro de interpretación del hierro.


Las visitas eran a las horas en punto, así que tuvimos que esperar hasta las 11:00. Mediante un interesante audiovisual se explica el proceso de fabricación del hierro en el que los protagonistas son el agua, el aire y el fuego. Normalmente se puede ver también una demostración del funcionamiento del martinete, aunque nosotros no pudimos verlo ya que la bomba de agua que vierte el agua que hace que se mueva la noria estaba estropeada.


Al salir de la fragua nos dirigimos a Llorts. Allí se encuentra una mina de hierro que se puede visitar, aunque nosotros no fuimos con esa intención ya que no disponíamos del tiempo suficiente. Lo que hicimos fue recorrer el camino de los arrieros hasta las esculturas de los hombres de hierro.


Se trata de un muy agradable paseo que discurre paralelo al río Valira Nord. Al comienzo del camino se puede observar la riqueza en hierro de la zona: hay un pequeño paso de agua en el lado izquierdo del camino que tiene un canal claramente rojizo.


Nos encontramos con una curiosa escultura de bronce sobre un pequeño puente de piedra: se trata de dos hombres empujando una gran piedra.


Suponemos que es un homenaje a los hombres que transportaban por este camino el mineral de hierro desde la mina hasta la fragua.


Seguimos caminando hasta una escultura de hierro: Gran Carro de Hierro y Pico. Una en una sola figura dos elementos representativos del mundo de la metalurgia y la minería: el pico con el que se extrae el mineral y el carro con el que se transporta.


Continuamos un poco más por el camino extrañados de no ver las esculturas de los hombres de hierro. No sé por qué, pero me giré a mirar hacia atrás y descubrí en lo alto de una luma las siluetas de las esculturas. Volvimos sobre nuestros pasos para visitar el curioso conjunto.


Cada año por Navidad, respetando la tradición, siete personas se reúnen en Andorra.
Aunque llegan de distintos lugares del mundo pertenecen a una misma familia: los JORDINO. ¿Hermano, hermana, primo, prima?
Estas esculturas han nacido a partir de los moldes del suelo urbano realizados en diversas ciudades, y yo les llamo "los extraterrestres", porque han sido extraídos del suelo. Jeanne viene de San Petersburgo, Aeyko de Tokio, Felipe de México, Richard de Londres, Izis del Cairo, Jean-Baptiste de Mónaco y Titi de París. Estos siete personajes están unidos por historia. Os invito a que dejéis volar vuestra imaginación e inventéis esa historia.
Como decía el poeta: "Todo empieza aquí abajo y termina en otra parte."
Rachid Khimoune.


Regresamos hasta nuestro coche para dirigirnos con él a centro de Llorts para buscar un lugar donde comer. La fortuna nos hizo elegir un restaurante en el que comimos fenomenal: un rico paté de campaña y un guiso de carne excelente. La Neu Restaurant.



Tras la comida empleamos unos minutos en visitar el pueblo, tras lo cual tomamos rumbo hacia La Massana porque se acercaba la hora de regresar a Madrid. Nos quedamos con las ganas de parar en La Cortinada para visitar la iglesia de Sant Martí, pero tendremos que esperar a una mejor ocasión.


domingo, 30 de junio de 2013

Andorra: Valle de Madriu - Pal

El hotel en el que nos quedábamos (Màgic La Massana) organizaba rutas guiadas gratuitas todos los días. La que tocaba para el día de hoy era el valle de Madriu.

El hecho de que la ruta estuviera calificada como fácil y de que el valle fuera declarado Patrimonio Natural Mundial de la Humadidad en 2004 por la UNESCO fueron las razones que me animaron a apuntarme. Bueno, también influyó que Miguel (mi marido) me animara a ello. Él necesitaba sentirse más tranquilo mientras hacía la clasificación de la maxi-avalancha en la que había venido a participar.

A las 9:00 de la mañana estábamos en recepción junto a una pareja y una familia de cuatro miembros que también se habían apuntado a la ruta. El guía ya estaba allí y nos explicó cómo nos íbamos a organizar. Las niñas y yo nos fuimos en el todo terreno del guía y el resto cogieron sus coches para seguirle. Nos dirigimos al punto de partida de la ruta. No hay un aparcamiento, pero se pueden dejar los coches a los lados de la carretera. Nos bajamos allí mientras todos los coches seguían al guía para dejarlos a unos 3km de allí ya que la ruta no iba a ser exactamente circular.

Cuando regresaron los conductores junto al guía en su todoterreno, aparcaron el vehículo a un lado de la carretera y comenzamos la ruta.

Se comienza con una pendiente importante sobre un camino empedrado y cubierto por las ramas de los árboles. No tardamos mucho en cruzar el puente Sassanat. La caída de agua era importante ya que el deshielo estaba en pleno apogeo.


Continuamos subiendo entre árboles, lo que aliviaba el calor del día. Llegamos a una zona de cabañas.


Seguimos subiendo. El ritmo del grupo no es que fuera infernal, pero sí más fuerte que el que mi hija pequeña está acostumbrada a llevar. Como resultado íbamos todo el rato las últimas a una cierta distancia del grupo. La llevaba de la mano para ayudarle a caminar.


Llegamos a una zona llana que se habría en grandes pastos. Estábamos en Corrals de Ramio. Ya no está habitado, aunque fue reconstruído para el nombramiento de la UNESCO. La vista es preciosa.


Continuamos la ascensión. Ahora ya no había vegetación que nos brindara su sombra, así que el camino se hacía más duro. Al calor se sumaba que el camino era de piedra suelta.

Llegados a un cruce, el guía decidió acortar la ruta porque el grupo iba lento y no nos daba tiempo a llegar al refugio de Fontverd y terminar desde allí la ruta en el tiempo previsto.

Continuamos subiendo. La última rampa antes de llegar al punto más alto de la ruta fue dura. Arriba paramos en una zona con alguna mesa de madera a la sombra de unos árboles. Comimos nuestros tentempies y continuamos nuestro camino. El resto del trayecto era todo de bajada, así que el ritmo era más alegre y la niña ya no necesitaba mi mano.

Entramos en una zona de abetos y pinos donde también abundaba el rododendo.


Finalmente llegamos a una zona de barbacoa y a los coches.

Como experiencia no estuvo mal, pero me sirvió para saber que lo de las rutas guiadas no es para nosotras. Al menos aún no. Nuestro ritmo es más lento y el ir con el grupo nos obligó a forzar la marcha, lo que no nos permitió disfrutar de la ruta.

De regreso a La Massana, comimos en un restaurante cercano al hotel y después nos fuimos a Pal.






La visita al pueblo merece la pena. Su iglesia románica (Sant Climent) es preciosa, aunque sólo la vimos desde fuera.

Un paseo por este conjunto histórico remató un intenso día.


sábado, 29 de junio de 2013

Andorra: Valle de Incles

Llegamos a La Massana la noche anterior a eso de las dos de la mañana, así que no madrugamos nada. Bajamos a desayunar al comedor casi a última hora. Después nos acercamos a la oficina de información y turismo. Yo llevaba planificadas un par de rutas para hacer a pie y otro par para hacer en coche, pero quería saber si había otras opciones.

Aunque para el primer día tenía previsto hacer una ruta corta por el parque natural del valle de Sorteny, cambié de idea y nos fuimos hacia el valle de Incles con la intención de ir al lago de Siscaró.

Cogí mi TomTom para indicarle Incles. Salimos desde La Massana en dirección a Ordino y desde allí el GPS me condujo por una carretera de montaña que nos llevaría hacia Caselles. El recorrido ofrece unas vistas preciosas, pero empleamos más tiempo del que pensaba.

Ya casi sobrepasado Caselles vimos la iglesia románica de Sant Joan.


Paramos para verla por fuera, ya que en la oficina de información y turismo nos habían dicho que las iglesias románicas se abrían el 1 de Julio. Pero su precioso campanario de estilo lombardo ya merecía la pena.

Nos llevamos una muy agradable sorpresa al comprobar que estaba abierta.


Nos enteramos de que el organismo que gestiona esta iglesia es distinto al que gestiona el resto y, por ello, estaba abierta. Aprovechamos la ocasión para entrar a disfrutar de lo que esta iglesia ofrece: un Cristo en Majestad de estuco sobre un fondo de pintura mural de mediados del siglo XII.




Continuamos nuestro camino hacia Incles. El valle está cerrado al tráfico para proteger el entorno. En el pueblo de Incles hay un pequeño autobús eléctrico que recorre los 3 km que acercan al punto de partida de la ruta que pretendíamos hacer: el puente de la Baladosa.

Aparcamos nuestro coche en un aparcamiento cercano a la salida del autobús eléctrico. Desgraciadamente, vimos salir el autobús cuando nos faltaba poco para llegar. Nos indicaron que la próxima salida no era hasta las 15:00.

Decidimos hacer el trayecto hasta el puente de la Baladosa a pie por la carretera del valle de Incles.


Teníamos que aprovechar el día, aunque la ruta hasta el lago de Siscaró estaba ya casi descartada por la hora que era y porque había unas nubes con no muy buena pinta que iban cubriendo el cielo.

El trayecto fue muy agradable. La primavera tardía ofrecía un montón de variedades de preciosas flores que cubrían los prados sobre los que corrían y jugaban los potros de los rebaños de caballos que en ellos pastaban.











Grandalla (flor simbólica de Andorra)

El río Incles quedaba a nuestra derecha durante todo el camino. Llegamos a un pequeño núcleo de casas casi al fondo del valle. Allí paramos para hacernos y comer nuestros bocadillos resguardados en el pequeño porche de una de las casas.

Soplaba un viento frío y un tanto húmedo y el sol ya no brillaba. Nos pusimos nuestros polares.

Tras la comida decidimos llegar hasta el puente de la Baladosa donde hay una zona de picnic y un aparcamiento de coches. Aún me pregunto por qué había allí aparcados unos cinco vehículos.




En este punto ya deseché por completo la posibilidad de ir hasta el lago de Siscaró. Aunque el trayecto no llega a los 4 km, el tiempo amenazaba lluvia y no me atreví a arriesgarme yo sola con las niñas.

Vimos un sendero que nos llevaría de vuelta a Incles (Camí de l'Obac) y decidimos cogerlo para regresar por otro camino que, además, no estuviera asfaltado.



Anémona amarilla, pulsatina alpina


Rododendo


Genciana

El sendero resultó agradable aunque muy embarrado. Nos pusimos de fango literalmente hasta las rodillas: nos caímos en medio de un charco.


Tuvimos que saltar lo que supongo que normalmente es un arroyo pero que ahora bajaba con bastante caudal. No había ni siquiera un puente improvisado y, aunque para un adulto no era muy difícil pasar, para las niñas era muy complicado ya que la longitud de su zancada no tiene nada que ver con la mía. Tuve que hacer equilibrios en un par de piedras para poderlas pasar de un lado al otro.


Poco antes de llegar a Incles, pasamos por una charca repleta de renacuajos con los que las niñas estuvieron jugando un rato.

El sendero llega hasta una urbanización cercana al aparcamiento donde habíamos dejado nuestro coche. Justo en ese momento comenzó a caer una lluvia fina pero intensa.

Ya de regreso a La Massana, descubrimos un túnel de reciente construcción que atraviesa del valle en el que nos encontramos al valle en el que se encuentra La Massana. Un recorrido mucho más sencillo y corto que el que habíamos hecho por la mañana.